Nadie estaba preparado para lo que nos trajo el 2020: ese nuevo mundo donde una de las palabras claves ha sido “distancia” – distancia social, distancia de nuestros familiares y amigos, etc… para muchos también ha sido “pérdida” – pérdida de seres queridos, pérdida de trabajo, pérdida de referencias, etc. 

Inevitablemente las fiestas de este año están marcada por los eventos del 2020 aunque siguen llevando un mensaje de paz, amor y sobre todo de esperanza. Y el año nuevo sigue siendo una oportunidad para seguir trabajando en nosotros mismo a través de los propósitos.

Sin duda uno de los propósitos recurrentes de este año nuevo es la  “reinvención” (en muchos sentido): tomarnos el tiempo para reflexionar sobre cuales son nuestras pasiones, delinear un plan, investigar, encontrar un red de apoyo, estar abiertos a cambios inesperados, etc. puede ser una ocasión para florecer.

Esto mismo puede ocurrir en nuestra práctica de yoga. Durante el 2020 nos hemos tenido que adaptar: hemos empezado a dar clases de yoga online, cuando hemos retomado la práctica presencial lo hemos hecho con mascarilla, sin poder usar tantos soportes, sin perder de vista la omnipresente distancia

Y también aquí tenemos una ocasión para crecer no solo como profesores sino como personas y practicantes de yoga.

Para mi sin duda ha sido un año donde en mi práctica personal he dedicado más tiempo a la posturas restaurativas y a savasanas más largos y eso se ha reflejado en el resto de la practica.

A veces una práctica más fluida, a veces con más posturas de pie, las extensiones han tenido también su momento de gloria – pero en todas esas prácticas, más activas y menos activas, la búsqueda de un refugio interior acogedor y cálido ha sido el tema central.

Y ese cambio en mi práctica personal se refleja (cuando no me resisto…) en mi vida diaria, en mis relaciones  y lo curioso es que no obstante la “distancia” a veces siento mi vida, mis relaciones, mis hábitos más cercanos y cálidos que nunca.

¡FELIZ AÑO NUEVO A TOD@S!