En el yoga, igual que en la vida, hay muchas formas de aprender, avanzar y crecer.

Una de las tantas formas de crecer es cuando nos ocurre algo inesperado que nos obliga a parar y buscar caminos hasta ahora desconocidos, como por ejemplo las lesiones o molestias crónicas.

Las lesiones nos hacen parar. Nos obligan a cambiar, a alejarnos de lo conocido, a aceptar la situación tal como es. Descomponer creencias y prejuicios. Y después toda nuestra práctica se enriquece con ese aprendizaje. Eso no quita que las lesiones vayan acompañadas de dolor, frustración, rabia…

En mi caso personal una de las cosas que me suelen enseñar las lesiones o molestias es a conectar más con lo que necesito realmente. Dejar de pensar en lo que “debería ser”, sin ir en automático.  Y eso es lo que me lleva a más armonía en la esterilla.

Como casi siempre, podemos trasladar lo que aplicamos en el yoga a la vida. Ahora estamos viviendo una “lesión” a nivel mundial. Y con todo el dolor, la frustración, la desolación que nos produce la situación causada por el Coronavirus es también una ocasión para crecer, encontrar nuevos caminos, descubrir nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismo, con los demás y el entorno. Es la ocasión perfecta para preguntarnos qué es lo que realmente necesitamos para crear armonía en nosotros mismo. Y contribuir así a crear armonía en el mundo. Y a crecer.