Elena Ferraris Yoga fue recomendado como centro para practicar yoga para niños el pasado 24 de Enero de 2016 en la revista Zen (El Mundo), en su apartado de “Bienestar”. En el artículo, escrito por Ana R. Carrasco, se explican los beneficios del yoga para los niños que lo practican tras una entrevista realizada a nuestra Directora de Yoga.

Para todos aquellos que no pudistéis leer el artículo, os lo dejamos escrito a continuación:

Elena-Ferraris-Revista-Zen-Yoga-NiñosLOS NIÑOS TAMBIÉN DICEN ‘OM’

El yoga ayuda a reducir el estrés infantil y es una herramienta ideal para cultivar la salud del cuerpo, la relajación y la concentración.

El yoga es concentración, relajación, respiraciones acompasadas y paz espiritual, conceptos que rara vez se relacionan con la infancia. Sin embargo, cada vez son más los colegios que incorporan esta disciplina, ya sea como actividad extraescolar o curricular, y los centros de yoga que ofertan clases para los más pequeños, una práctica que ha dejado de ser novedosa en otras partes del mundo.
Según un estudio elaborado por AEPNYA (Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente), los casos de ansiedad y estrés en la infancia y adolescencia han aumentado considerablemente en los últimos años, convirtiéndose en una de las patologías psiquiátricas más frecuentes. De acuerdo con los datos de la asociación, el 10% de los menores en España sufre algún tipo de patología psiquiátrica. En estos casos, el yoga es una opción ideal para reducir las situaciones de estrés en la edad infantil, pues proporciona en un espacio de distensión y juego, herramientas para cultivar la salud del cuerpo y la conciencia de las necesidades personales.
En las clases de yoga con niños se fortalecen los músculos y se desarrolla la flexibilidad, la movilidad articular, la capacidad de concentración –algo muy valorado por los padres–, el autoconocimiento y la confianza en uno mismo. Pero, más allá de los beneficios físicos, lo más importante del yoga a estas edades «tiene que ver con las emociones», afirma Elena Ferraris, profesora de yoga desde hace 15 años y dueña de una escuela de yoga en Madrid que lleva su nombre.
«En las clases se trabaja la inteligencia emocional, de manera que los pequeños aprenden a identificar sus sensaciones y sentimientos. Qué efectos tienen en su cuerpo y, además, se proporcionan técnicas muy sencillas que pueden ayudar ante cualquier emoción difícil de manejar como el estrés o el enfado». Lo corrobora Alexander, padre de Nicky y Blanca, dos pequeñas de cuatro y seis años que llevan un año practicando yoga junto a otros niños. Por su experiencia, su padre destaca cómo esta práctica ha ayudado a las pequeñas a gestionar sus emociones. «Es asombroso cómo, por ejemplo, si están nerviosas, la una le recuerda a la otra que debe respirar profundamente para calmarse. Se ponen la mano en el pecho y van notando cómo su corazón late más despacio».
Las niñas, entusiasmadas, destacan lo bien que se lo pasan con otros niños y lo mucho que se mueven y bailan. «En el centro tenemos divididas las clases por edades. Tenemos un grupo de tres a seis años y otros de seis a nueve años», explica Ferraris. Esta escisión responde a la diferente capacidad de concentración de cada edad. «A los más pequeños les cuesta más concentrarse por lo que las clases son más movidas. Si vemos que llegan muy alterados dedicamos los primeros minutos a correr o a alguna otra actividad que les permita desfogarse. Después se trabajan los sentimientos, cada niño explica si está triste, alegre, enfadado… El resto de la clase participa de sus sentimientos con consejos, aportando soluciones y finalmente dedicamos espacio a juegos y al cuerpo», detalla Ferraris.
Paula y Elena tienen nueve años y van a la clase «de las mayores». Patricia, la instructora, ha preparado un juego con varias etapas. En una de ellas, las niñas tienen que realizar diversas posturas de yoga para conseguir pasar a la siguiente fase del juego. El perro, la montaña, la silla, el saludo al sol, el gato, el árbol, el libro… las pequeñas conocen todas las asanas (posturas) con fluidez y las ejecutan con mucha soltura. Para ellas no tiene ningún misterio. Su truco para recordarlas todas es «practicarlas mucho».

 

Además, Paula explica «su truco» a ZEN: «Los nombres de las posturas son divertidos y si quieres hacer la montaña sólo tienes que doblar la cintura y hacer que tu cuerpo se parezca a una montaña». Dicho así hasta parece fácil.

 

EN FAMILIA

Una de las facetas más valoradas del yoga es que puede practicarse en familia. «Las sesiones se convierten en un juego. Y, mientras nos divertimos, el cuerpo se fortalece y flexibiliza, aprendiendo técnicas de respiración, centrando la atención en el presente, y aprendiendo a responder ante las emociones y sentimientos de una manera saludable», explica Martha Tena, profesora de yoga especializada en yoga infantil y familiar de Televisión Consciente, un canal de vídeos on line sobre desarrollo personal que ofrece cursos para toda la familia sobre disciplinas como el yoga o la meditación, entre otras.
Una modalidad muy valorada es el yoga para mamás y bebés. «Muchas madres empiezan a practicar yoga durante el embarazo y se enganchan. Pasado el parto, vienen a clase con sus hijos. Es un rato que valoran mucho porque dedican tiempo a sí mismas, se recuperan físicamente y tienen ocasión para relacionarse con otras personas que están en su misma situación», explica Ferraris. Durante la clase, las madres realizan respiraciones y posturas a las que se incorporan los bebés, bien en brazos o como parte del propio ejercicio. «Es un momento lúdico que además sirve para afianzar el vínculo madre-hijo».

 

Puedes consultar nuestras clases mencionadas en este artículo: