A menudo asociamos el yoga con una práctica solemne y muy seria. Desde el punto de vista científico, la precisión anatómica del yoga no está reñida con el sentido del humor y la alegría.

De hecho, a nivel fisiológico la risa tiene el mismo efecto sobre el cuerpo que la práctica de asana: puede bajar la presión sanguínea, reduce el estrés, mejora la respuesta inmunológica y minimiza el dolor.

No estoy diciendo que debamos reírnos a carcajadas durante la práctica pero sí podemos probar de dibujar una sonrisa, a lo mejor una sonrisa interna. La sensación cambia de inmediato en la postura. Y además nos ayudará a estar más presentes. Cuando sonreímos o nos reímos es más fácil estar concentrados.

No estamos más concentrados por tener el rostro serio, ni enraizamos más el pie por hacerlo con el ceño fruncido. Ni disfrutaremos más una postura por tomarnos a nosotros mismos más en serio.

Y en la vida, la gravedad o seriedad de una situación no está reñida con una actitud amable, con el humor, al revés. Puede que nos ayude a estar más presentes y a conectar más con las personas y ser, así, más creativos a la hora de enfrentarnos a la situación compleja que se nos presenta.