En las posturas de yoga, igual que en la vida, necesitamos un equilibrio entre fuerzas consideradas opuestas: el enraizamiento y la ligereza.
¿Cómo podemos llegar a sentir esa ligereza, esa sensación de volar que nos empodera? 
Para ello necesitamos unas raíces, una base sólida, que nos dé seguridad. Eso nos llevará a esa sensación de libertad que acompaña a la ligereza.
Si no hay estabilidad, y solamente ligereza, lo más probable es que no podamos mantener la postura. Y si hay demasiada estabilidad la postura se vuelve rígida y pierde su belleza innata. Hoy en día en las clases veo más tendencia a trabajar con mucho ahínco las raíces, con demasiado esfuerzo, queriendo hacer “más”, perdiendo de esta forma la esencia de la postura.
Un punto de partida para encontrar esa ligereza es buscar siempre la neutralidad de la columna. Incluso en las posturas donde se modifica la neutralidad, la intención es mantener la calidad que tenemos con una columna neutral. La respiración es otro punto de referencia que nos indica si en la postura tenemos ese equilibrio entre ligereza y estabilidad. Cuando estamos en armonía la respiración fluye sin necesidad de forzarla, suele ser amplia, enraizándonos y permitiéndonos volar al mismo tiempo.
¿Y en la vida, en nuestro día a día, cómo podemos encontrar esa armonía entre sentirnos seguros y fluir? Aquí también la respiración es nuestra mayor referencia para indicarnos si estamos o no en equilibrio. ¿Y la neutralidad? A lo mejor podríamos interpretarla como una actitud libre de prejuicios.