Septiembre  para algunos es como un comienzo de año nuevo. Aunque para la mayor parte de nosotros ahora mismo es más bien un “vamos a seguir y a ver qué ocurre”. Estamos aprendiendo a convivir con la incertidumbre.
Puede ser un buen momento para empezar a cultivar algunos rituales nuevos o afianzar los que ya tenemos. Rituales habituales pueden ser desde poner la mesa, a desenrollar la esterilla o incluso ver una serie con las mismas personas. (Confieso que este es uno de los rituales que tengo con mis hijos).

¿Cómo se convierte una simple acción en un ritual? Cuando le damos un significado que va más allá de la mera apariencia: la cena no solo es un acto que cubre nuestra necesidad básica de alimentarnos sino es una ocasión para conectar con los demás y con nosotros mismos.

En el yoga, el ritual de prepararnos para la práctica como tomar un momento para concentrarnos, encender una vela o crear un rincón especial en casa… Pequeños detalles hechos a consciencia que también le dan más importancia a la práctica. Creando así una buena base para la introspección.

En momentos de incertidumbre, los rituales pueden ser un descanso para nuestra mente. Sobretodo si nos preocupamos constantemente. Una ventana por donde entra aire fresco. Y ya sabéis que una buena ventilación hoy en día es muy importante…